domingo, 10 de noviembre de 2013

Atanasia Capitulo 10

Sigo mi camino, pero no puedo evitar observar como la anciana se va quedando poco a poco atrás, hasta que finalmente su imagen, que antes se veía tan nitida, se va transformando lentamente en un puntito pequeñito a lo lejos. Pocos segundos después, ya no puedo distinguirla de otras sombras que hay en aquella zona. Me doy cuenta de que es tarde. El sol se está poniendo, y no falta mucho para que anochezca. No quiero arriesgarme a que me vuelva a quedar dormida en el coche y que me cojan, así que no me atrevo a parar para descansar. No se cuanto tiempo habré dormido, he perdido completamente la noción del tiempo. Decidida miro el reloj. Ya son las 9:30. Aún que he dormido unas cuatro horas, me siento cansada. A lo lejos veo una ciudad. Tal vez allí haya algún sitio en el que pueda pasar la noche, donde me pueda esconder.

- Uff…-suspiro. Ésto me resulta más difícil de lo que pensaba… aún tengo que llegar al reino de Nahu y reunirme con ellos. Tal vez Nahu éste muerto… No, no puedo pensar en eso. Pero si ocurriera nunca se lo perdonaría a Zeil. Tantos años esperando para el momento en que estemos todos juntos de nuevo y, ¿Zeil me lo arruina? No, no estoy dispuesta. La idea de volver a estar juntos me emociona. Acelero un poco para llegar lo antes posible a la ciudad. Si consigo donde quedarme esta noche, mañana estare descansada y lista para cumplir la misión. Pongo música baja, no es precisamente lenta, pero como suelo escucharla alta me recuerda a música de salón. Ya ha anochecido, y oigo la música y los gritos procedentes de las discotecas y los bares que hay por aquí. No recuerdo muy bien ésta ciudad, pero más o menos creo podre orientarme. No veo ningún sitio discreto para quedarme, de hecho, creo que no hay.

Voy lentamente con el coche porque la gente empieza a ponerse borracha y tengo miedo de atropellar a alguien. Además, hay bastante gente por las carreteras, pero coches solo yo. De repente, alguien se tira contra mi parabrisas. No puedo evitar gritar y soltar el volante. El coche se descontrola, junto a la gente de fuera, empiezo a gritar y me agarro fuerte al volante. En un instate me golpeo contra una pared con fuerza. Estoy temblando, paralizada por lo que acaba de pasar, estoy muy asustada. Oigo como algunas personas se agarran al coche y lo intentan abrir, pero lo tengo cerrado. Pero de todas maneras, activo el escudo, pues no quiero arriesgarme a que lo abran. La gente me grita cosas, insultos e invitaciones a... bueno, mejor no pensar en eso. No me atrevo a moverme.

Empieza a tronar y a llover con fuerza. Por suerte le gente se retira a los bares y demás establecinientos. Necesito distraer un poco mi mente de lo que acaba de pasar, así que vuelvo a darle vueltas a mi cabeza. Espero por su bien que Zeil que no matara a Nahuel, o sino habrá venganza.

Espero unos minutos a que se me aclaren los pensamientos.  Rápidamente me espabilo, he de buscar algún sitio para refugiarme, puesto que el coche esta inutilizado. Antes de salir compruebo que no hay nadie que pueda hacerme daño. Una vez hecho esto, abro la puerta con cuidado y saco las piernas fuera. Me duelen muchísimo los pies, y casi no puedo apoyarlos. Aún así, debo hacer un esfuerzo para levantarme. Me muevo lentamente, debe de ser por el sock, tengo que ser mas rápida o no duraré mucho.  Avanzo como puedo a través de las calles. Estoy muerta de miedo, con frío y empapada.

Salgo de la ciudad, perfiero pasar desapercibida e ir por caminos y carreteras secundarias. Pasa el tiempo, el camino es oscuro pero tengo que seguir andando aún que mi cuerpo necesite descansar. Al rato de andar descubro una iglesia medio derruida sobre una loma. Da un poco de miedo, pero supongo que aún es techo. Me acerco y abro con esfuerzo la puerta, es enorme debe de medir unos tres metros.

Delante de todo, hay una mujer de avanzada edad. Es muy delgada, y esta encorvada. Además, es alta y delgada, lo que pronuncia esta postura. Sus ojos reflejan una mirada triste, y se nota que la vida no la ha tratado bien. Su pelo es canoso. Me mira fijamente y me sonríe, dejando ver sus dientes podridos por una mal higiene.

- Buenas noches, joven - me dice con una voz temblorosa pero amable -. ¿Puedo ayudarte en algo?

- Bueno… quería saber si podría quedarme aquí esta noche, no tengo adonde ir y necesito un refugio temporal - contesto intentando que no se note el miedo que tengo.

- Mmm… A ver que se puede hacer - se gira y con la llave que lleva colgando de su arrugado cuello abre un armario gigante que tiene detrás de ella dejando ver muchos libros distintos y de muchos colores. Arriba, hai una copa de oro y piedras preciosas, y al lado un frasco muy grande en el que pone AGUA BENDITA. Se sube las gafas con el dedo índice, pero se le vuelven a caer. Coge uno de los libros. Empieza a hojear unas paginas y tras una larga espera, señala un párrafo del libro -. De acuerdo…puedes quedarte. - mira el libro otra vez -. Pero si te pillo robando, haciendo acciones impuras, gestos groseros, palabras inadecuadas, timando, sobornando, traficando, consultando libros sagrados sin presencia de un supervisor, falsificando contraseñas, pestañeando o respirando sin permiso… - coge una gran bocanada de aire -. Te echare de aquí - la pobre mujer esta medio azul de aguantar tanto la respiración. ¿vienes tú sola?

- Sí.

- Es muy peligroso que una mujercita de tu edad vague por éstos sitios. Hay muchos corruptos, me sorprende que llegaras tan bien aquí... Sígueme.

- Gracias – sonrio y saco mi cartera

- No hace falta compensación economica alguna, - contesta seria - es un lugar sagrado, no podemos aceptar dinero de los desfavorecidos. Pero si quieres contribuir, sera todo un agradecimiento.

Le ofrezco lo que tengo, ella lo acepta y lo mete en un bote. Con una sonrisa se voltea y comienza a andar. Le sigo, me quedo enbobada mirando los descomunales techos, columnas, vidrieras... Todo es precioso, aún que por desgracia, no lo puedo apreciar del todo por la oscuridad. Me tiende una vela y continua subiendo por unas escaleras bastante empinadas y desgastadas. Me cuesta seguirle el paso a pesar de mi condición física y mi juventud.

Llegamos al campanario de la iglesia, me quedo con la boca abierta al ver las colosales campanas. Me acerco a una, cabríamos cinco personas dentro y aún quedaría sitio. Siento la tentación de tocarla, pero la señora me lo impide. Me indica que entre en un cuarto. Al entrar me fijo que es una habitación muy grande, pero es todo piedra, es frío, húmedo, y no posee ventanas. Me siento en una cama que tan solo tiene una manta. Observo de mi teléfono que mantuve en el bolsillo y veo que tengo una llamada perdida y un mensaje. ¿Del sensei? Que raro... Miro el mensaje y el corazón se me para al ver que es un SOS. Sin pensarlo llamo a su número, pero comunica. Me tumbo en la cama, me tapo todo lo que puedo con la manta e intento dormirme, pero tengo demasiadas preocupaciones en la mente... Mis mejores amigos que se quieran matar entre si, y mi maestro a manos de Saummus.

No aguanto mas aquí, necesito distraerme un rato, así que me envuelvo en una manta y vuelvo al campanario, ésta vez no me corto y manoseo la campana. Sigo inspeccionando este lugar, y me llama la atención una puerta polvorienta y con un candado oxidado. Cuando lo toco se me desintegra en la mano haciendo ruido, escucho unos pasos que se acercan por la distancia con rapidez, no... es la monja... La puerta cede ante mi dejando al descubierto unas escaleras descendentes. No me lo pienso y bajo rápida las escaleras, espero que no me descubran.

Exausta, llego al final de las escaleras. Esta todo super oscuro, no hay ni la luz de los relampagos de fuera, ni una vela. Así que hago una pequeña bola de fuego para poder ver. Me doy cuenta que estoy en una capilla enorme, hay cristaleras a los lados, al final hay un órgano dorado de proporciones inmensas. Desde mi posición observo el techo, está pintado y parece contar una historia.

En la primera pintura se aprecian una especie de guerra sangrienta. Sigo caminando un poco mas asombrada; en el siguiente fresco puedo ver a tres figuras humanas juntas y en paz, y creo que hullendo de algo. Avanzo un poco mas, en este se ve a las tres personas en un lugar extraño, no sabría decir dónde. Continuo avanzado, pero me tropiezo con el órgano haciendo un estruendo. ¿Qué hago? Me va a decubrir... Con rapidez apago el fuego y me escondo detrás de una estatua. Escucho unos pasos que bajan apresurados. No quiero arriesgarme más, así que me vuelvo invisible. Me quedo lo mas quieta que puedo intentando que mi sombra no me delate. Cuando la monja se da la vuelta de mi posicion, salgo corriendo dirección a las escaleras. Pero al subir tropiezo y me caigo haciendome visible y dejándome al descubierto.

- Jovencilla, - me regaña la señora - usted esta profanando un lugar antiguo y sagrado.

- Perdón señora, - me disculpo cabizbaja, acto seguido me levanto - no era mi intención irrumpir aquí, pero... No podía dormir y me decidí a explirar un poco su iglesia. Si usted lo desea me voy y no la molesto más...

- Está claro que desconoce su suerte.

Miro de nuevo al techo no sé por qué, y se me vienen a la mente la imagen de Zeil y el pequeño Nahuel luchando....
 
-¡La mision! - entono para mí - Lo siento, pero he de irme, tengo una misión que debo cumplir.

No lo dudo, y salgo corriendo. Subo las escaleras con gran agilidad. Entro de nuevo en el cuarto para recuperar las pocas pertenencias que tengo. Pero de repente se cierra la puerta. La intento abrir, pero no doy, incluso pruebo con el hechizo que hice para entrar en el cuarto de Zeil, pero no funciona. Tengo que salir por el balcón y entrar por otro balcón. Me cubro de nuebo con la manta y salgo. La lluvia hace daño, y hace mucho frio... intento abanzar sin caerme, miro al frente, se ve la ciudad, todo sin luz... ésta ciudad devia ser impresionante en la hera de la electricidad. Consigo meterme en en el campanario, tiro la manta por ahí y bajo a toda prisa. Llego abajo y me paro un momento para volver a apreciar la descomunal cámara principal. Y salgo corriendo sin dirección en busca de algún coche.

Me meto en un aparcamiento, por suerte hay un coche y grandecito. Me aseguro de que no me siguen, fuerzo la cerradura y me meto. Lanzo un hechizo y el coche arranca sin problemas, la magia es muy útil para éstos casos.

Voy avanzando rápido, dirección a  Hjem, la capital Saifuche, pero una sensación me dice que vaya directa al Primer Gobierno. Así que no lo pienso y voy dirección contraria al amanecer. Cuando salgo de la ciudad es de día, y comienzo la senda de las tierras altas. Acelero a lo que da el motor. Como el aburrimento me mata, empiezo  a pensar en demasiadas cosas, como que pasará cuando estemos Zeil Nahu y yo juntos, si el sensei está a salvo, en la rata de Saummus que quiere robar la herencia a su sobrino...

Después de casi medio día al volante, a lo lejos veo unas figuras, espera... son Zeil y... el otro es muy alto, no lo reconozco, pero me es familiar... Rápida me bajo del coche y empiezo a correr en su dirección agitando los brazos con júbilo, ellos responden de la misma manera.