domingo, 15 de septiembre de 2013

Zeil Capitulo 4





            No entiendo nada de lo que pasó hoy, solo se que este grupo una vez que los conoces no so mas que una panda de locos. Incluso esa chica me dijo algo sobre una puerta, una cerradura, y lo más importante, la llave. Pero me encuentro aliviado al saber que fuera de los muros del castillo de Primer gobierno, se encuentra una chica tan bella…

            Ella me esta llevando por unos túneles subterráneos, y me entra mucho agobio de estar aquí, no me agradan los espacios reducidos… Me recuerdan a algo desagradable, pero no recuerdo a que. De repente se para y me tira al suelo ¡¡¡¿¿¿Cómo se atreve a hacerme eso!!!??? Ya es demasiado que le deje tocarme.


            -¡¿Pero tu de que vas!?- le grito- ¿No sabes que esta mal tirar a alguien al suelo?

            -Bueno, ¿Tu no sabes que esta mal decirle a tu maestro “Tío”? Así que cállate si no quieres acabar mal, que tu para mucha gente solo eres un objeto…

            De la sombra mas atezada aparece uno que conserva la capucha negra.

            -¿Qué le has dicho?- Pregunta con una voz muy profunda y sombría- ¿O acaso olvidaste de que es peligroso para nosotros de que el  sepa algo?

            -No lo olvido; pero no lo puedo evitar…

            -Pues contrólate.

            Nos alejamos de ese hombre tan extraño. ¿Por qué dice que soy un peligro? Bueno mis batallas son mas que legendarias, pero en este momento no tengo excusa para iniciar una batalla. Lo único que quiero es llegar a mi castillo y sentarme un rato en el trono.

           
            -Exijo una respuesta- comento- una respuesta de lo que pasa aquí.

            -No te lo puedo decir, además tu aquí ni puedes exigir un baso de agua.

            Llegamos a una salida, por fin salimos de esta trampa. La luz acaricia nuestra piel. Respiro hondo y me estiro. Miro a mi alrededor, estoy solo, y no veo puerta alguna por la que debí salir… ¿Y ahora que? Supongo que me toca volver al castillo. La pena esque no tengo ni idea de que senda seguir. Pienso el lo que aprendí en la academia militar… Las palabras de mi monitor fueron: “Si os perdéis, seguid siempre al oeste y encontrareis el castillo…” Tengo que seguir la ruta de poniente, pero lo que no me agrada, tengo que pasar por el centro de Saifuche, un importante enemigo. Pero por lo menos es mejor que quedarme aquí, aunque me quieran matar en la arena del estadio que tienen allí.

            Veo unas motos aparcadas cerca de donde me encuentro… Seguro que no les importa que les coja una prestada, además estamos casi en medio de un monte súper poblado; no se nota una moto menos.

            Me acerco sigilosamente a la moto que mas me gusta, pero es demasiado brillante y llamaría demasiado la atención, así que cojo una que es negra. Justo cuando estoy apunto de marcharme, aparecen unos soldados con un par de espadas de defensa… ¿En serio que creen que con eso me detienen? Que idiotas. Ignoran que soy General de la armada y marina de Primer Gobierno.

            -¡¡Alto!!- Ordena uno- Detente.

            -¿Y si no quiero?- Contesto desafiante.

           
            Desenfundo mi espada, intentan darme con todas sus fuerzas, pero nada, hasta es ridículo en la forma de atacarme. Cuando se cansan un poco, empiezo mi actuación, huyen, pero rápidamente pillo a uno por el cuello, le tiro al suelo y le ago unos corten en la pierna para que no ande.

            -¡¡¡CANALLA!!!- Grita el otro.

            De un salto lo esquivo y lo tiro también al suelo. No se porque pero a este le saco el casco. Me sorprende ver que detrás de esa mascara se encuentra un niño que debe tener unos trece años. ¿Qué hará aquí? ¿El otro es también un niño?

            Al otro también le despojo el yelmo, y si, es un niño… Me siento culpable de haberle cortado… Es raro en mí sentirme culpable…

            -Volved con vuestras madres- Comento mientras me dirijo de nuevo a la moto- No tenéis edad para jugar a ser soldados.

            -¡Pero no podemos!- comenta uno de los crios- Desde que los hombres mayores se fueron al la guerra no queda nadie para proteger en palacio ni en la ciudad.

            -Aun así volved a vuestras casas.- Me subo a la moto y la consigo arrancar- El mundo esta demasiado desapacible para unos crios como vosotros.

            -¡¡Deja de llamarnos así!!

            Me río un poco y me pongo en marcha, los árboles pasan rápidamente por mi lado, y la velocidad hace que me lloren los ojos.

            Tras casi tres horas de veloz pero tranquilo viaje, el bosque desaparece y llega una zona que es un páramo, todo quemado y negro, cubierto de cenizas que según paso levanto… un sitio muy macabro. Recuerdo que este sitio fue campo de batalla, de hecho aun se aprecia marcas de sangre seca en algunas zonas. Aquí se desató lo que yo creo que fue el combate más sangriento que presencie en mi vida. Y la tierra de nadie tan solo era un sauce muy grande, al que huía cuando mi mente ya no podía soportar mas sangre, cadáveres y gente caída… Aquí fue la segunda y ultima vez que llore en mi vida.


            Cuando anochece del todo, me veo obligado a parar en una casa medio derruida. Escondo la moto dentro de la casa y dentro aun la escondo debajo de unas mantas. Inspecciono a fondo la casa en busca de vida, pero nada, lo único que encuentro es unas latas de sopa de carne, cecina seca, leche mas que cortada, galletas rancias y otras cosas tan podridas que ni se que son. Supongo que me arreglare con la cecina… lo malo esque me va a dar sed… Pero si mis cálculos son ciertos, en una jornada estoy en Saifuche, y en las afueras me abasteceré de agua. 

            Subo a un cuarto, y veo que esta decorado de forma infantil, pero a diferencia de toda la casa, no esta cubierto de cenizas. Escucho unos ruidos en el armario, desenfundo la espada y me acerco poco a poco. Se aprecia respirar a alguien muerto de miedo. Abro el armario y empiezan a chillar dos niños… ¿Qué pasa? ¿Hoy es el día de los niños? Estos son dos, una niña de escasamente nueve años y un niño que debe de tener como mucho doce. Deben ser hermanos, se parecen mucho entre si.

            -¿Qué hacéis aquí?- Pregunto- ¿No sabéis que es peligroso vivir aquí?

            -¡¡No nos toques!!- Me responde el niño, lo dejo pasar por su edad, pero nadie me habla así – Eres Zeil, nuestros padres nos dijeron que si te conocíamos que huyéramos.

            -No podéis, os tengo acorralados. Yo nos os voy a hacer nada. Solo vengo a pasar la noche, así que si me permitís…

            Salgo de la habitación y me voy al cuarto que debió de ser de los padres de estos crios. Me tiro en la cama y cierro los ojos. Noto una ligera presión que me aplasta el pecho, observo que es la niña, me esta abrazando. Miro a la puerta, el niño me observa atento. Me recuerda al chaval que herí esta mañana. Lo invito a venir junto a mí, viene lazado y apoya la cabeza en mi hombro.

            -¿Cómo os llamáis?- Pregunto con cuidado- Supongo que a mi ya conocéis, Zeil.

            -Yo soy Kenta- comenta en niño con reservas- y mi hermana es Xana.

            -Bueno, mañana os llevo con migo, no os pienso dejar aquí solos, así que mejor descansar bien, que es un largo viage.

            -¿Sabes Zeil?- Dice kenta medio dormido- Eres como te imaginaba.


            No me da tiempo a contestar, el sueño me puede y rápidamente caigo dormido