lunes, 28 de octubre de 2013

Atanasia Capítulo 8

De repente, noto que el móvil me vibra en el bolsillo. Reduzco la velocidad y bajo la música. Cojo el móvil y veo que es el sensei que me llama.

- ¿Qué pasa?- le digo.

- Atanasia - susurra como desesperado - por favor, habla bajo.

- ¿Por qué? - paro el coche y empiezo a susurrar.

- Recuerdas que me marché de viaje con unos soldados a resolver el tema que tenemos entre manos.

- Si...

- Pues Saummus me ha hecho una emboscada y estoy bajo su poder. He intentado escapar, pero nuestros propios soldados eran sus marionetas. Me ha secuestrado y ahora me encuentro en los calabozos del castillo del Primer Gobierno.

- ¡Oh! Dios mío... - no puedo evitar el llevarme la mano libre a la boca. - Y¿Qué hago?

- No vengas, bajo ninguna circunstancia. No vengas. No sé exactamente sus planes, pero me los imagino y lo que quiere es a vosotros tres.

- ¿A los tres?

- Si. A Nahuel y a Zeil ya los tiene controlados, no les dejará escapar. Pero tú aun no estás en su poder. Ata, - me dice en un tono más desesperado - Huye. No te fíes de los soldados de ningún bando. Ni siquiera del nuestro. Tu misión ahora es conseguir que Zeil no diga nada de lo que ha visto con nosotros. sino, Saummus descubrirá nuestra guarida y atacará directamente ahí. Además, ya le has dado el collar y si se entera de que lo tiene…

- Tendrá el poder… - le interrumpo.

- Exacto. Así que ahora intenta por todos los medios a tu alcance que Zeil no se vaya de la lengua. Y cuida que Nahuel esté bien.

- De acuerdo.

- Tengo que dejarte. - dice apurado.

- ¡Espera, Takumi! - tengo miedo. Cómo nunca antes me ha pasado, me aterroriza el pensar que el sensei esté en peligro y que todo lo que aprecio se destruirá si no lo hago bien. - ¿y si no lo consigo?

- Confía en ti. Yo se que puedes. Piensa en Nahu y en Zeil. Cuando los encuentres ellos te ayudaran...

La comunicación se corta de repente. No se que hacer. Es muy fácil volver a casa, hacer las maletas y mudarme a un lugar en el que nadie sepa quien soy y donde nadie me encuentre… Pero mis amigos, mi familia me necesita. Si voy allí me mataran, o puede que Saummus me secuestre. Pero si no voy… mataran al sensei, a Nahuel, a Zeil, a todos… Vuelve a vibrar el móvil. Miro quien me llama…es el sensei otra vez. Voy a cogerlo con rapidez y ansiedad, pero espera…¿Otra vez? Estaban a punto de pillarlo, asi que no tiene lógica que dos minutos después de colgarme me vuelva a llamar…puede que sea Saummus o alguno de sus compinches… tal vez quieren negociar… pero en el caso de ser el sensei podría darme más información. El destino del sensei puede depender de ésta llamada.

-¿Diga? - descuelgo el teléfono con miedo y precaución.

- Atanasia, oh querida, no sabes lo que deseaba hablar contigo - rie maléficamente una voz tenebrosa al otro lado del teléfono.

- Saummus... ¡Asquerosa rata! ¿Qué pretendes conseguir con todo ésto?

- Jovencita… - chasquea la lengua - A la gente mayor se la habla con respeto.

- ¡¡Si merecieras mi respeto no serías una rata miserable que ha secuestrado a un hombre que es como mi padre para coaccionarme a ir a ti!! - se hace el silencio. Yo empiezo a temblar de los nervios. - Saummus, ¿has muerto? - digo intentando que mi tono de voz suene burlon.

- ¡¡NO!! - pierde los nervios definitivamente, haciendo que de un bote en el asiento - no quiero que me faltes al respeto mocosa, ¿entiendes? Soy un rey, no un vulgar campesino que no sabe lo que es un baño caliente.

- Y yo soy una joven y vulgar campesina que por cierto, ha probado un baño caliente, y que tiene más corazón que tu porque por lo menos sabe como tratar a las personas.

-¡¡Atanasia!! ¡¡Cuelga!! ¡¡Rastrearán la llama…!! - pude oir al sensei por detrás.

- ¡Sensei!

- Si, Atanasia. Es tu sensei, el señor Takumi. Ahora, si no quieres que le pase nada, tienes que continuar tu camino e ir a reunirte con Zeil y Nahuel y a continuación venir hasta mí. Están en el reino Saifuche, como bien sabes. ¡Ah! y por cierto, el príncipe ha decidido luchar contra Zeil... él solo. Zeil no le recuerda, así que tratara de matarle como casi hace con el mejor gladiador del reino.

- Éso es imposible - le suelto ya exsperada, aún que dentro de mi sabía que podía tener razón -. Zeil no puede hacer eso…en el fondo si que recuerda a Nahuel, y al sensei…y a mi...

- Pero muy en el fondo querida. Todos sus recuerdos inútiles han sido bloqueados, Zeil solo es una máquina de matar. Hasta que no vea a Nahuel muerto no estará satisfecho. Y cuando lo consiga vera que ése joven al que ha matado era su más fiel amigo de la infancia.

- Éso no pasará Saummus, y tu lo sabes. Sólo tratas de engañarme.

- Piensa como quieras, querida, pero yo ya te he dicho lo que hay. Zeil matará a Nahuel delante de todo su reino, así demostrará su fuerza. Los saifuches sin rey ya no serán un problema y ese imperio sera mío, me casare con la reina y seré políticamente rey - rie maléficamente -. Y tú no podrás hacer nada para impedirlo, porque seremos un imperio que se os dobla en tamaño y poder. Ya no habrá rebeldes, y vuestras fuerzas militares serán escasas.

- ¡Mientes!

- ¿En serio? Los guardias que ahora protejen vuestra fortaleza son niños, Atanasia, niños. ¿y cuántos crees que querrán unirse a nosotros para poder reuperar a su familia? Aquí no tendrán que vigilar un castillo, y mucho menos exponerse al peligro.

- Saummus…

No sé cómo es capaz de ser tan cruel… No sólo pretende conquistar dos imperios, sino que además va a aplastar a su propio sobrino y va a permitir que Nahuel muera para conseguirlo. Aún que así nunca conseguirá el poder absoluto. La gente le despreciara, y tarde o temprano acabara habiendo una rebelión en masa que provoque una guerra, o más bien una masacre…

- No lo hagas - digo con voz apenada.

- ¿Y por qué no?

Empieza a reírse, y no soy capaz de oírlo mas. Así que cuelgo. Echo con brusquedad el móvil sobre el asiento del copiloto. Recuesto el asiento y me quedo ahí. Inmóvil. Sin pensar en otra cosa que no sean los chicos. Puede que Nahu muera a manos de Zeil… o tal vez, y sólo tal vez, puede que sea a viceversa. Me doy la vuelta y me llevo las manos a la cara. Empiezo a llorar como nunca mientras oigo como el móvil vuelve a vibrar. Esta vez lo ignoro. No puedo volver a oír la voz de Saummus. Juro que le mataré aún que tenga que ir al otro lado del planeta. No permitiré que ese mentecato domine tanto terreno, lo impediré aún que tenga que morir en el intento. Tengo que decidir. Aún estoy a tiempo de salvar a Nahuel, aún que, tal vez ya haya muerto… si Nahuel esta muerto, yo misma mataré a Zeil. Vuelvo a poner recto el asiento. Meto la llave en el contacto y la giro. Oigo como el motor ruge. Piso el acelerador, y recobro la marcha.

- Espero que todo salga bien… - digo mientras suspiro.