domingo, 27 de octubre de 2013

Zeil capitulo 8

      Los dos nos ponemos en posición de combate al mismo tiempo, me fijo en él... sera difícil derrotarlo, además, mis condiciones físicas no son buenas. En un rápido pero limitado movimiento me lanzo a atacarle, pero me bloquea con un simple movimiento de brazo, no es posible... Le miro a los ojos, me son especiales ¿de qué? No lo sé. A pesar de mi fuerte dolor de espalda, empujo a mi enemigo para atrás. Tomo un poco de aire y me pongo a la carga de nuevo, esta vez las espadas chocan fuertemente entre nosotros, ésto no puede ser, no puede ser más fuerte que yo... Da un giro y me echa para atrás, ésto ya me esta enfadando y mucho. La espalda me arde, pero a pesar de todo me lanzo de nuevo a atacarle a las piernas, cuando estoy a centímetros me esquiva saltando hacia atrás y consigue hacerme un corte en el brazo.

 ¿Qué acaba de pasar? Sé que no puedo moverme bien, pero... puedo hacerlo mejor. Susurra algo, pero no se lo que.
       -¿Qué? - pregunto medio despistado.
      Intento volver en mí, me fijo en que me contrario se dirige a mi corriendo, tardo en reaccionar, pero consigo esquivarlo, no tarda en regresar, me protejo con la espada, me fijo en su mirada, hay diversión, se lo esta pasando bien; ésto me enfada más. Noto que me empieza a fallar la fuerza, aprieto los dientes en un intento en vano de no sentir el dolor de mi espalda y brazo, y con todo mi peso lo tiro al suelo. Empuño la espada con las dos manos y la punta se la dirijo al corazón.
       - ¿Preparado para morir como un pobre, principito? - Le digo con superioridad, aprovecho y clavo la espada tan cerca de la mejilla que le hace un corte, así está mejor, más a mi favor.
- Ni de broma. - Responde para mi sorpresa - No pienso dejar que ganes otra vez, Zeil. Me cansé de que siempre ganes tú, de que siempre te lleves la mejor parte.
- ¿Pero qué?- ¿Pero a qué se refiere?- Nunca había peleado contra ti.
- Así que es verdad no recuerdas, ¿eh? -Se ríe de una forma extraña.- Es igual, se acabó, ya no soy un pequeñin y ésta vez gano yo.-Espera un momento ¿pequeñin? ¿De qué me suena...?
       Me dispongo a acabar éste combate de una vez por todas pero de un salto se pone en pié y me ataca velozmente. Le paro todos esos ataques, pero son difíciles, el blande la espada de una manera única y le da mucha fuerza. Intento atacar, pero no me deja. El sonido de las espadas anima al público a vitorear... me descentra, y no me lo puedo permitir. Empieza a cansarse, o eso creo porque disminuye su ritmo. A provecho y consigo hacerle un corte en la mejilla derecha.  Esta despistado, así que dirijo un ataque hacia su nuca para poner ya fin a ésto. Me acerco corriendo y gritando, él me evita y me da una fuerte patada en el centro de la espalda. Caigo al suelo muy dolorido, y casi inmóvil, retorciéndome de dolor, veo que el otro gladiador se pone a mi altura y me mira cara a cara, con todas mis fuerzas y muy cabreado intento levantarme, pero no puedo, intento coger mi espada desde mi posición, pero me la aparta de mi alcance.
       Zeil,- me dice con un tono amable. ¿Qué se está burlando de mí? No lo soporto- se acabó la pelea. Gané yo, ríndete.
        Intento protestar, pero las fuerzas ni me dan para éso. No es propio de mí, pero me rindo, además, sé que no me va a matar.
       Me dejo ayudar, mi contrincante se agacha, le pongo mi brazo sano alrededor del cuello y me levanta como puede. El muchacho junto al gorila me van sacando de la arena. Todo el mundo abuchea, me siento indignado... Me llevan por el interior del calabozo en el que está Kenta.
- ¡Zeil! - grita Kenta mientras se acerca, me sorprende que se preocupe por mí...
- Tranquilo, se pondrá bien -responde el príncipe tranquilizándolo - Lon, ve a buscar a Torin para que le cure.
Camino ayudado hasta un cuarto blanco, lleno de aparatos médicos, como electrocardiogramas, sueros y demás aparatos que me parecen desagradables. Veo que la mujer que me lavó la cara; está preparando algo con aguja... El joven me obliga a tumbarme en una camilla, el dolor ya es más que insoportable... hasta se me escapan unas lágrimas de dolor.
         - ¿Por qué no acabaste conmigo? - pregunto intrigado, es curioso que no me matase, sobre todo porque soy su mayor enemigo. - No soy un simple gladiador, soy el príncipe de tu mayor preocupación y seguramente soy la persona que se ha llevado por delante más vidas de tus soldados. ¿Por qué no me mataste?
- No soy como tu, Zeil. -Contesta serio - No soy capaz de arrebatar una vida sin ton ni son. Y menos la vida de mi mejor amigo de la infancia.
- ¿Amigo? -Yo nunca lo vi, no soy su amigo -Si no te conozco. Deduje que eres el príncipe de éste lugar por tus vestimentas y por la forma que tienes de coger la espada, que es inconfundible, nada más. Por saber, no se ni tu nombre.
- Nahuel - se presenta, me fijo en la mujer... creo que se llana Torin, sostiene la jeringuilla en alto asegurándose que no tenga aire.
- Nahuel, ¿por qué no honraste a tu pueblo? No matándome, pero si dejándome más desecho. Demostrando tu fuerza y poder.
- Yo creo que ya estás suficientemente desecho y además hay más formas de honrar a mi pueblo. No solo existe la forma de hacer daño a los demás. - Pero... si no demuestras tu poderío... ¿cómo saben la fuerza que tienes? Estoy confuso... Torin me inyecta lo que sea eso que tenía en esa aguja.- La verdad es que no pensé que tu acabarías siendo un...
       No me da tiempo a escuchar la última palabra, caigo bajo los efectos del calmante y me sumerjo en un profundo sueño.