sábado, 19 de octubre de 2013

Nahuel Capítulo 7

Es el mejor combate que ha tenido lugar en toda la historia del Dereom.
Se palpa la tensión en la arena... El gladiador enorme mira a Zeil con una mirada asesina.

- ¿Preparado para no ver más la luz del Sol? - le dice a Zeil el gigante medio riendose.

- ¿Ves ésta espada? - pregunta el joven - Pues vas a sentir su frío metal. Luchemos en la oscuridad.

Como un rayo Zeil se lanza a atacarle, pero el gigante le esperaba así que con un rápido giro de brazo lo coge y le lanza contra una pared,  provocando que Zeil choque contra ésta con brusquedad. Le miro desde las alturas, casi de pie por la tensión. Zeil está tirado en el suelo. De repente mira hacia mi dirección, me observa... ¿Me recordará?

- ¡¡¡Pulga, levantate para luchar!!!!- grita el contrincante de Zeil - No querrás defraudar a todo tu país, los niños te recordarán como un cobarde y....

Un grito de furia proveniente de Zeil interrumpe al hombre. Con una rapidez casi inhumana Zeil se lanza hacia el gigante. La espada del muchacho alcanza al gigante en la nuca con una maestría intachable. Se separan unos instantes. El gigante se tambalea mareado por el golpe y Zeil cae de rodillas tocandose la espalda, el golpe contra la pared le debe de estar pasando factura...

Zeil se levanta para rematar la tarea. Avanza hacia el gigante espada en ristre, esta suena fuertemente chocando contra la armadura del gigante. En un hábil movimiento Zeil le tira arena a los ojos a su contrario, este desorientado y con los ojos inutilizados pierde toda capacidad de defensa o de ataque. Pero es un momento muy propicio para Zeil. Le vuelve a dar un corte en las piernas y el gigante cae sin fuerzas para mantenerse de pié, con las piernas sangrando por los múltiples cortes popinados en la pelea. Zeil lo remata con un golpe seco en la sien.

Se alza campeón. Clava la espada en el suelo y se quita el casco, provocando un vítoreo de la gente más animado y sonoro. Sin duda es Zeil, con ese pelo, esos ojos... Todas las pequeñas dudas que pudiera tener se desvanecen. Me mira desafiante, yo lo observo fascinado. No me puedo creer que después de tantos años haya cambiado tan poco, es igual que antes... A mi memoria acuden imagenes de nosotros peleando bajo la atenta mirada del sensei; de como siempre yo acababa comiendo el polvo mientras Zeil ganaba siempre y Ata... Que siempre me curaba las heridas y me trataba con cariño... ¿Qué será de Ata?

Despierto de mis ensoñaciones. A Zeil lo retiran de la arena para un descanso. Salgo pitando del palco para cambiarme de ropa, quiero ver quien de los dos, después de pasados diez años, muerde la arena y con esta ridícula ropa no voy a ningún lado.

- ¿A dónde vas, Nahuel? - mi madre me agarra de la manga de la camisa deteniendome.

- A pelear como gladiador - le contesto seco.

- ¡¿Qué?! ¡Ni hablar! Siéntate y mira como otros pelean, como es tradición. No es decoroso que un rey peleé como gladiador. Tu padre no lo haría.

- ¡Yo no soy papá ni tampoco soy rey! - me zafó de su agarre de un gesto. - Así que voy a pelear contra ese muchacho porque es la persona que más soldados a matado y además es la persona que lleva superandome toda mi vida, ya es hora de que le demuestre que no soy un pequeñajo. - ignorando las palabras hirientes que le acababa de soltar a mi madre me dirijo con rapidez a los fosos.

Allí encuentro a Torin, la mujer encargada de las curas a los gladiadores y de la gestión monetaria de aquel sitio, ya que la entrada a ver el expectaculo no era gratis.

- ¡Torin! - la llamo antes siquiera de que acabe de bajar las escaleras - Voy a pelear contra el gladiador que hay en la arena. - sentencio, dejando a Torin con la boca abierta.

- Bien, alteza... Pues necesitará...

- Ropa, armadura y mi espada. Y lo necesito ya. Ve a por mi arma y la armadura yo me cambiaré. - le ordeno.

- Si, señor... - Torin sale despedida hacia la dirección opuesta a la mía.

Encuentro mi ropa en su sitio de siempre y me la pongo con alivio... Por fin me despojo de ese traje de repipi. Torin llega con todo lo que le pedí. Me pongo la armadura, cojo mi espada y voy directo a la arena.

- Señor recapacite. - me suplica - Es un peligro ese muchacho. Ha acabado con Liroy, y le llevaba tres cabezas y el cuádruple de peso...

- Estaré bien. - con esas palabras salgo a la luz de la arena, dejando a la mujer atrás. Las gradas enmudecen al ver mi figura en aquél despiadado lugar. Veo a Zeil al otro lado del terreno. Se acabo el descanso, que comienze el juego...